lunes, 17 de diciembre de 2007

TORTUGAS Y LIEBRES

Hoy, precisamente hoy, no ayer, ni mañana, ni Dios dirá, he aprendido que, a veces, hay que desandar lo andado para seguir avanzando, que no siempre se va hacia delante, que la mayoría del tiempo lo pasamos intentando avanzar pero con la torpeza inequívoca de un equilibrista ciego e impaciente... Y así es imposible no darse de bruces. Hoy he aprendido que, a veces, es preferible mirar hacia atrás y decir me equivoqué, y tender la mano, pero no para ayudar, sino para ser ayudado. Hay quien se empeña en llegar el primero a la meta como liebre de cuento. Pues yo hoy he decidido ser tortuga, señores, y hacer el camino despacito, y de rodillas, si hace falta, y entretenerme a recoger las flores que me voy encontrando, pues ése es realmente el premio. Y, cuando llegue a la meta y las liebres se rían de mí porque llego tarde y en último lugar, les enseñaré mis bolsillos, rebosantes de flores, y les diré sonriendo que vuelvan a sus casas, que vuelvan a sus vidas, y que, cuando se pongan de nuevo en camino, recuerden que el viaje se hace amargo en soledad.
A mis amigos, mis flores en el camino, gracias...