jueves, 27 de diciembre de 2007

NO PIDO TANTO

No pido tanto para ser feliz.
Sólo pido tener a alguien a mi lado que sepa leer en mis ojos lo que callen mis palabras;
que me observe en silencio y me pregunte dónde estoy cuando descubra mi mirada perdida;
que me diga «no te vayas sin mí,
yo también quiero navegar contigo por ese mar por el que vas huyendo»;
que cuando le mire a los ojos me pregunte qué leo en ellos;
que sonría cuando me vea sonreír, aunque no sepa el motivo;
que me pida que le lea un poema al oído, despacito, para que sea sólo nuestro, suyo y mío;
que cierre los ojos cuando siembre en sus labios semillas de esperanza
que regaré cada mañana al despertar…
Sólo pido tener a alguien a mi lado que invente mil historias al vuelo
con que ahuyentar la tristeza que amenace mi alma;
que se vista de mimo, bombero o mago por robarme una sonrisa;
que recoja mis lágrimas una a una,
las coloque en un avión de papel y las eche a volar gritando:
«¡Hasta nunca, no os queremos más por aquí!».
Que apoye su cabeza en mi regazo y,
mientras contemplamos las caprichosas formas de las nubes,
dibuje en el cielo,
con su dedo,
un corazón.
Que se entretenga a desenredar mi pelo,
alborotado por la brisa,
y teja con sus manos un lazo invisible entre los dos.
Que me arrope de noche con su voz y de día con su risa.
Que sea capaz de admirarme y decírmelo,
sin sentirse por ello inferior.
Que me escuche cantar en silencio y me susurre al oído:
«Canta en voz alta, por favor, cántale al mundo».
Que se emocione con una nota, una palabra, una canción,
con las lágrimas de dos desconocidos unidos por un mismo dolor.
Que las únicas guerras que apruebe sean por amor,
que sus armas sean besos y abrazos,
que dibuje en un papel una pistola de la que asoma una flor.
Que me diga:
«Tengámosle la maleta preparada a la monotonía, al desamor».
Sólo pido eso y todo eso,
tener cerca a alguien que me entienda,
alguien como yo…